El proyecto creado a comienzos de los 2000 en Bariloche por los hermanos Antu y Manque La Banca tuvo su continuidad en La Plata primero y en la ciudad de Buenos Aires, después. De aquellas búsquedas sonoras a los sintes de la actualidad, pero siempre punkeros y bailables.

Puede que sea cierto que nunca hayan ido a un parque de diversiones. Nacidos y criados en Bariloche, los hermanos Antu y Manque La Banca sintieron eso cuando llegaron por primera vez a La Plata hace ya más de diez años y todo allí giraba alrededor de una banda ya daba qué hablar y aun lo sigue haciendo: El Mató a un Policía Motorizado.
Pero Antu y Manque iban por otro lado. Estimulados por una vieja Commodore 64 que su madre, que es arista visual, había conseguido en los 80 para trabajar con el Corel y los primeros Photoshop. Ellos la usaron para jugar, obviamente, pero fue el punto de partida para lo que vendría no después.
Y lo que vino fueron Reason y Ableton, los juguetes tecnos con los que ambos comenzaron a experimentar. El resultado de todo aquello puede escucharse en Bandcamp: una serie de trabajos de una psicodelia a veces inquietante, a veces balsámica, pero siempre original. Tan original como el nombre del proyecto que aún los identifica: Nunca Fui a un Parque de Diversiones.
Infantes, editado en 2010, fue lo primero de una serie de grabaciones que continuaron con dos EPs más: Campamento de tres días (2011) y Josualonga enseña a hacer amigos (2012)
De raíces rockeras y pospunkeras, los hermanos La Banca deformaron todo aquello para construir piezas sonoras no siempre instrumentales que funcionan como un viaje sin destino cierto.

Pero todo eso cambió con el primero de los tres discos del proyecto. En Mover canival (2014) abre con un electro reggae: el formato canción se hace más evidente a partir de ahora. Los otros dos álbumes son Q.E.P.D. (2018) y Paranoia For Export (2023), acaso el más político y el más conectado a la realidad en la que fue producido, la pandemia.
Lo más reciente de Nunca Fui a un Parque de Diversiones es la reedición de Mover Canival (2024) a modo de celebración por los diez años de su edición original.
«Paranoia For Export fue un disco que se pensó para tocarse de manera electrónica. QEPD es un disco en un formato más de rock tradicional, «y Mover Canival, un disco entre folclórico, electrónico, psicodélico»,
Manque La Banca
Reducido a un dúo electrónico los hermanos vuelven a Bariloche este fin de semana después de tres años para presentarse mañana domingo en la tercera edición del festival Camping Bariloche, en Cirse Club de Lago (Av. Exequiel Bustillo 14500).
El festival, que comenzó el fin de semana pasado con los shows de Conociendo Rusia, Juana Aguirre y La Valenti, tendrá mañana su segunda fecha este domingo con Juana Molina, Los Besos y Nunca Fui a un Parque de Diversiones; y cerrará el próximo domingo 8 de febrero con los shows de Bandalos Chinos, Lara 91K y Utah.
En un diálogo con Patagonia Sónica, Manque La Banque, quien también sobresale como realizador audiovisual, sobre todo a partir de su premiado filme Esquí (2021), se refirió al show que ofrecerán este domingo, de la música del NFPD, de su historia y su evolución, entre otras cuestiones.
P: ¿Qué tienen pensado para esa presentación?
R: Será un recital que incluye repertorio de los tres discos, arrancando un poco por el último, que es Paranoia por Export, y después hacemos un popurrí con algunos temas del primer disco, de Mover Canibal, y de QEPD, que son los dos primeros.
P: ¿Cómo piensan, en este caso al menos, bajar a tierra todo ese sonido tan trabajado con máquinas y softwares?
R: Ahora estamos en un formato electrónico, con guitarra en algunos momentos, pero toda la música se ejecuta desde un aparato que usa Antú, que es quien más está metido en la programación del sonido de la banda, y ese hardware es como el cerebro un poco del recital. A partir de ahí es mucho trabajo de síntesis, o sea, de ese hardware salen señales MIDI, se trabaja con sintetizadores y samplers.
Básicamente está pensado desde una estructura electrónica, digamos, en este caso, y hemos ido mutando, viste, a lo largo de los años, como que hemos hecho distintas formaciones, originalmente fuimos un trío electroacústico, cuando empezamos a combinar un poco de electrónica, después se volvió más un trío rockero psicodélico, y en esta última etapa estamos más en este formato dúo, dúo electrónico, como que está todo basado en hardware.

P: ¿Qué queda de la banda y qué queda de aquel disco que van a volver a tocar ahora en vivo, entre otras canciones?
R: Paranoia For Export fue un disco que se pensó para tocarse de manera electrónica. QEPD es un disco en un formato más de rock tradicional, y Mover Canival, un disco entre folclórico, electrónico, psicodélico, pero este último Paranoia For Export siempre se pensó para tocar de esta manera. Su esencia está muy viva, se mantienen sobre todo las canciones, nosotros somos compositores, y hay algo, la canción no importa el formato y la estructura y la producción que sea, la canción es la canción en cualquier contexto, cantada a capela, con guitarra, con máquinas, y hay algo de ese vínculo entre la poesía y la melodía y la armonía que está siempre vivo y se va adaptando a las circunstancias.
P: ¿Cuál es la historia musical de la banda? Empezaron hace ya un tiempo, de un modo súper experimental. Hay como un juego lúdico, con sonidos bien psicodélico, donde el formato canción no está tan claro, no hay letra, no hay una letra en el sentido de lo que es la canción, una letra por una canción. ¿En qué pensaban cuando armaron aquellas composiciones y salieron al ruedo con el nombre de la banda, que lo siguen manteniendo, pero suenan totalmente distintos?
R: Mira, nosotros nos conocimos en la secundaria en Bariloche, y ahí arrancamos a tocar de una manera muy relajada, digamos, sin mucha expectativa. Había como una idea de armar una banda, con Antu hubo como ya una búsqueda de que estábamos en la adolescencia, de que nos pusimos a experimentar y a producir música, me acuerdo de mi vieja que nos mandó con un amigo, mi viejo músico, por un lado, y mi vieja artista visual. Y mi vieja muy manija nos mandó a tomar unas clases con Suárez, que era un amigo de mi viejo, que él ya producía, utilizaba un programa llamado Reason, y nosotros de muy jóvenes empezamos a experimentar grabando con un micrófono de la computadora, la guitarra y armando beats con ese programa.
Y ahí arrancó todo un proceso de investigación que se intensificó cuando yo arranqué a estudiar cine, entonces empecé a combinar los proyectos que hacía para la facultad con estas texturas sonoras y esta búsqueda más sensorial. Arrancó en Bariloche y después en La Plata, cuando a los 18 me fui a estudiar cine. Ahí se empezó a combinar esta búsqueda de lo sensorial y lo experimental en la música con las imágenes. Y hubo toda una primera etapa con Antu, que empezamos a llevarlo al extremo, y empezamos a aprender más, y empezamos a hacer field recording, lo que se dice grabaciones de campo.
Yo conseguí un grabadorcito portátil y utilizábamos esas grabaciones de situaciones cotidianas como un loop, y ahí nos metimos al full con el Ableton Live, que era como nuevo en ese momento. Hubo toda una búsqueda más vinculada como a lo visual, de empezar a acompañar imágenes con sonoridades, que nos llevó un montón de tiempo de desarrollo y de aprender a usar estos programas.
En un momento aparece Joshua (Zenz, bajista) otra vez en escena, que es nuestro amiguito de la secundaria, y bueno, surgió la idea de empezar a volver a la canción. En la secundaria éramos punk, hacíamos punk, hardcore, estábamos como en esa línea, y entonces volvimos a la canción un poco con toda esta investigación sonora que habíamos desarrollado para las imágenes, una investigación sónica como muy psicodélica, que había estado más en función de acompañar o buscar maneras de llevar adelante imágenes.
Y vuelve esta energía como punk de la canción, con esta búsqueda sonora, y en paralelo algo relacionado a lo folclórico, porque Antu se puso a estudiar música popular y empezó a traer como datas folclóricas que nosotros mamamos de nuestro viejo, que es un cantautor patagónico, y bueno, estaba ahí como muy presente. Ahí surgió el primer disco es Mover Canival, que es esa combinación para mí entre punk, folclórico y la electrónica experimental

P: Y toda esa parte experimental, ¿de dónde se alimentaban ustedes para darle forma a esos sonidos?
R: Hay una referencia muy clave en nuestras vidas que es una banda norteamericana, la llama Animal Collective. Después aparecieron bandas como The Books, muy buena, después apareció Juana Molina, medio en esa misma línea. Juana Molina se volvió una referencia como crucial, y volvimos a revisitar toda la discografía de Eduardo Mateo, que a mi viejo le gustaba mucho y lo escuchaba mucho y, no sé por ejemplo hay un disco de Eduardo Mateo que se llama La Mosca, que es una rareza total, es un disco que lo hacen los 80 con máquinas de ritmos y sintetizadores Entonces, como que empezamos a encontrar como distintas líneas narrativas desde cosas que nos llegaban de lo contemporáneo que estaba sucediendo en Estados Unidos, a cosas rioplatenses también, completamente arraigadas a nuestro territorio y empezamos a encontrarle como maneras de conexión. Después apareció una artista que se llama Mikachu and the Shapes, un poco más tarde, pues se volvió también como la referencia, una inglesa y bueno, ahí arrancó un poco todo.

P: La portada de ese primer disco o EP, Infantes, es una vieja computadora Commodore, ustedes no son tan viejos.
R: Es loco lo que decís porque fue nuestra primera computadora también por más que es así, era una computadora que había en casa que le había regalado mi abuelo a mi vieja. M vieja siempre fue muy nerd y siempre hubo computadoras en casa, desde que nacimos. Cuando nacimos estaba la Commodore claro, porque esa computadora es de mediados de los 80 más o menos y yo nací en el 90 y ya la Commodore estaba ahí en seguida vino, después apareció 486, pasamos por varias antes, pero bueno, siempre hubo computadoras y la Commodore la teníamos como si fuese una consola de videojuegos, creo que la 486 ya estaba funcionando y mi vieja la usaba con el Craw o los primeros photoshops, hacía muchas cosas con escaneos, hacía diseño con eso y a la Commodore nosotros la usábamos medio como como consola de videojuegos.
P: ¿Qué tan nerds eran o son ustedes? Porque esa música que empezaron a hacer siendo muy chicos era muy de computadora, digamos, no es que agarraron guitarra, batería, por lo menos en este proyecto digo, ¿no? ¿cómo se llevaban con la computación?
R: Antú es mucho más nerd que yo, o sea llegó a trabajar de programador y estuvo ahí muy vinculado a ese universo. Yo siempre fui más lento pero creo que lo que sí tenemos y que compartimos es algo de obsesionarnos y llevar hasta el fondo, cuando aparece una herramienta, experimentarla hasta el fondo.
Cuando descubrimos el Ableton fue un gran momento porque era un software que te permitía otras cosas. El Reason, por ejemplo, que fue el primero que aprendimos estaba más encapsulado en una lógica de un secuencer entonces vos tenías secuencers para formar los beats y estabas como un poco obligado a trabajar sobre eso y después renderizar y pasar al Nuendo o al Cubase que se usaba en ese momento. Lo que apareció con el Ableton fue la posibilidad de programar, pero también te permitía tener loops, armar loops internos, tener una loopera interna y después te permitía una secuencia de armado multipista. Entonces lo que vos programabas ya podías empezar a desarmarlo y a trabajarlo de una manera mucho más libre. Ahí empezó como esta estética collage del trabajo sobre collage.
P: ¿Y dónde estaban los instrumentos en esos primeros trabajos experimentales?
R: Estaban ahí, siempre estuvieron ahí. Yo toco las guitarras desde siempre, Antu es originalmente baterista, Joshua es un bajista de la hostia ya muy enfocado en el jazz, está como en otra liga de música, Joshua es increíble sí, yo creo que lo que sucedió fue como agarrar un concepto de época que recibimos muy tempranamente de no encasillarnos en ningún género y bueno, salir a buscar algo que no estábamos escuchando en nuestro cotidiano o en las bandas que nos gustaban.
Nosotros veníamos de una escuela así más punk, hardcore y es como que en un momento se abrió un portal para estas sonoridades, y creo que tiene que ver un poco en, no sé yo siempre relaciono con habernos criado en Bariloche, con algo de descubrir de repente con estas bandas que yo te decía entre Juana Molina y Animal Collective como que se armó algo de, ah claro, mirá son sonoridades que me remiten un poco a una esencia de mi territorio, del lugar de donde vengo como que están trabajando sobre este lugar están hablando sobre situaciones que genera la naturaleza, hay algo en la lírica que está ahí presente, entonces fue como ir reconociendo en otras movidas y en otras experiencias algo muy propio y los instrumentos quedaron relegados como a un segundo plano, simplemente como una herramienta para generar estas texturas y después volvieron porque ubo momentos donde nos cansamos, nos aburrimos y dijimos, qué sé yo, ya esta etapa se cerró.
P: Ahora, ese punk rock originario que has mencionado varias veces en esta charla aparece fuerte en Paranoia for Export . Ahí se ponen heavy, «Miles de Metales” es una canción absolutamente heavy para los parámetros sonoros que tenía la banda hasta ese momento. Super pesada, no solo la música, sino la letra también. Empiezan a decir cosas de una forma más explícita.
R: Sí, Paranoia for Export surge ahí en plena pandemia y bueno, en delirios así también de delirios colapsistas, como empezar a flashear un poco con el colapso y con un mundo que se viene encima muy muy violento y del control. Había intenciones como un poco de trabajar sobre esa línea estética y ser explícitos sobre eso
P: ¿Cómo pensaron la música de ese disco? Porque ahí sí aparecen ya los instrumentos, empiezan a estar más en primer plano. Y más allá del contexto que mencionabas de cuarentena y de pandemia, ¿cómo decidieron que la banda diera ese paso estético desde el sonido?
R: Sí, se dio un poco de manera natural. Lo que había era una intención de trabajar como con cierto origen urbano porque está presente el autotune en ese disco también. En QPD, por ejemplo, es una rareza de ese disco para mí porque usamos las voces que ya se habían grabado con un harmonizer que te genera una tercera, una quinta, una séptima entonces el disco, antes de que se pusiera de moda el trap y el autotune nosotros ya estábamos como en esta búsqueda indie como media híbrida con este harmonizer, que es un aparato antiquísimo y a nosotros nos gustaba esa búsqueda de traer a una estética indie algo de lo de la música avant-garde contemporánea que se había desarrollado 80’s, 90’s, 2000.
P: En 2024, volvieron a editar Mover Canival, el primer trabajo de NFPD a propósito de los diez años de su edición original. ¿Por qué decidieron homenajearlo?
R: Para nosotros fue un disco muy emblemático, lo sentimos como una rareza, como que no hay esa música dando vueltas y nosotros tampoco volvimos a hacer ese tipo de música, entonces quedó como una historia de la música argentina re particular. Era un momento en que estaba El Mato como punta de lanza y esa era la línea a seguir y nosotros estábamos en cualquier otro mundo y muy disfrutando de esa búsqueda de experimentación, sin hacernos muchas preguntas.
Para nosotros y nuestros amigos más cercanos ese disco marcó una diferencia respecto a la escena indie que se estaba sucediendo entonces en La Plata. Era recítales muy intensos, nunca esas canciones se tocaron como suenan en el disco, fue una música muy gestual, muy gritada, mucho más sacada.
Volver a editarlo surgió de hacerle un homenaje a aquel momento nuestro que fue muy especial, donde aprendimos todo lo que somos ahora, aprendimos a producir, aprendimos a grabar, a mezclar, yo aprendí a tocar y a cantar.



